La sospechosa relación Televisa y el Jefe Diego.

Posted on 19 mayo, 2010

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Publicado hoy en el periódico Por Esto! escrito por Lilia Arellano:

Ayer, en estas mismas líneas, comentamos sobre las circunstancias que rodean al secuestro de Diego Fernández de Cevallos, la incapacidad puesta de manifiesto del gobierno federal para garantizar seguridad hasta para los suyos y se mantiene vigente que, tal acción, sacaría a flote muchos de los asuntos que han pactado en lo oscurito tres ex presidente y el actual inquilino provisional de Los Pinos. Sin embargo, no podía preverse que este asunto llegara a cambiar el rumbo de los medios de comunicación, particularmente el de la televisora más poderosa del país.

Con gran asombro, se escuchó decir a sus principales comunicadores que ya no seguirían informando sobre “la desaparición” de Fernández de Cevallos para no poner su vida en peligro.
Esta resolución no puede guardarse en un cajón, no es una decisión que pueda tratarse en lo superficial ya que se trata de un medio que ha estado apapachado hasta los límites por el poder en turno, que se ha dado, incluso, el lujo de ir manejando la imagen y la publicidad de quien considera debe ser el futuro presidente de nuestro país, nos referimos, obviamente, a Enrique Peña Nieto, y que ahora se niega a lo que es obligación de periodistas y comunicadores de ese y de cualquier otro medio de comunicación: informar. No puede dejarse de lado la posición que adoptaron sus analistas dentro del programa “Tercer Grado” apenas un par de días antes de que secuestraran al queretano.
Ahí, el escritor Héctor Aguilar Camín provocó otro gran asombro al pretender culpar a los medios de la falsa apreciación sobre la inseguridad, como si las decenas de cadáveres no existieran, ni los secuestros, ni los Zetas, ni las grandes mafias, ni los robos a casas habitación, ni los homicidios contra ciudadanos que no aparecen en las pantallas porque son “comunes y corrientes”, carecen de influencias y sólo sirven para el manejo de una estadística que se disimula entre el número de delitos cometidos y el de los habitantes en las ciudades.
Para el nacido en Quintana Roo todo es una cuestión de apreciación, en la que los responsables de la inseguridad son los medios de comunicación que han servido de canales de propaganda de las mafias. En este absurdo que seguía en las mesas, discutiéndose, cuando se sabe del asesinato del candidato panista al municipio de Valle Hermoso, en Tamaulipas, José Mario Guajardo Varela, de su hijo y de un acompañante. Un día después se registra la desaparición o, mejor dicho, el secuestro de don Diego. No bien transcurren 72 horas y atacan a granadazos las instalaciones de Televisa en Tepic, Nayarit y, el paso siguiente, se niegan a seguir informando sobre el caso Fernández de Cevallos.
¿Hasta dónde llegaban las relaciones ocultas del queretano y hasta dónde le estorbaba a cualquiera de los 3 ex presidente o al propio Felipe Calderón? Porque las ligas entre la televisora y esos tiempos de poder han sido más que claras, es más, podría decirse que hasta cínicas. Porque tampoco han informado sobre el derrame petrolero en el Golfo de México y sus repercusiones, porque a través de sus informativos se tejieron farsas como la del “chupacabras” con Salinas de Gortari, la de los grandes rescates con Zedillo y Fox, la de acciones policiacas sorprendentes con Calderón y notas de distracción como el cuento de los náufragos. El desgaste de la televisora prestándose a todo tipo de farsas ha sido fenomenal y en sus patrañas se han llevado a quienes se han sentido altamente agraviados, como es el caso de López Obrador y de sus seguidores, por la falta de difusión y los ataques que han recibido sin sustento real o sin denuncias de por medio.

Si el secuestro del también llamado “jefe Diego” fuera un montaje, por supuesto que Televisa estaría participando en un primer plano, escandalizando más que informando, pero parece que el asunto es tan serio y ellos están en alguna parte tan involucrados, tanto con la víctima como probablemente con los victimarios, que han preferido dejar de cumplir con su obligación como medio informativo.

Tal posición no la adoptaron ni siquiera cuando se trató de un candidato a la presidencia, como lo fue el crimen de Luis Donaldo Colosio, en el cual se regocijaron con transmisiones directas para lograr mayor número de teleespectadores.

Una, otra y otra vez, se regocijaron con las imágenes del jerarca católico asesinado en el aeropuerto de Jalisco, en fin, si bien no resulta el medio más confiable sí, por lo menos, intentaban disimular hacia dónde dirigían tanto sus simpatías como sus tendencias informativas. Ahora deciden simplemente no informar y no ponen ni siquiera como pretexto la seguridad de sus comunicadores o sus reporteros o sus analistas, simplemente dicen “ya no” y por supuesto, el gobierno nada hará por recordarles que la concesión tiene cláusulas y que dentro de ellas hay actividades que deben desarrollar y éticas que se respetan.

De nueva cuenta y merced al secuestro de Fernández de Cevallos, seguirá abriéndose la gran cloaca de las simulaciones y de las complicidades.

La política y los políticos, los periodistas y los medios de comunicación, los derechos y la democracia… en México, no son más que teatritos.

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