Reynosa, la desolación.

Posted on 10 octubre, 2010

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Se ha esparcido como pólvora, ya es parte de la vida cotidiana… las balaceras, asesinatos, la extorsión, la ausencia del gobierno, la impotencia de la población, la migración hacia los Estados Unidos. Esta es la cruda realidad que se vive en Reynosa, Tamaulipas, y fue publicado en noticiasdelared.net:

Por: María Jaramillo Alanís

El casco de la ciudad permanece como en sus mejores tiempos de bonanza; vidrieras repletas de vendimia, dentistas, el mercado sobre la  calle Hidalgo, el barrio del Central, la prostitución abunda, migrantes ilegales, sin embargo poco a poco sus habitantes se han ido y van dejando la hostilidad de las calles de un pueblo de llega y vete.

Nadie sabe  explicar en qué momento la ciudad se volvió peligrosa. Esta población abrazó la primera gran migración  a finales de 1940, Petróleos Mexicanos encuentra yacimientos importantes de gas, y en 1950 echa a  andar la refinería que contaría con capacidad de 4 mil barriles diarios. Aquí se asentaron miles de familias de Tabasco, Veracruz, Distrito Federal.

El corredor maquilador y de comercio binacional, por antonomasia y estratégico para el país, fue la frontera norte y particularmente la de Tamaulipas que cuenta con 16 puentes internacionales que conectan a Estados Unidos y México.

La ubicación geográfica de Tamaulipas, permitió que en la década de los años 70’s, se instalaran plantas maquiladoras, pues en México la mano de obra se consideraba  calificada y barata, pero además a los inversionistas les resultaba altamente redituable establecer estos clusters de este lado de la frontera pues 1975 pagaban un salario de 1,100 pesos a la semana mientras que en Texas, hubiesen tenido que pagar 4 dólares la hora.

La maquila trajo de nuevo una segunda gran migración y con ella la mano de obra más solicitada fue la de las mujeres, que obligadamente trabajaban dobles turnos,-tarde y noche- con la promesa de que tendrían “base”, un vil engaño avalado por un sindicato charro y anodino, como lo es en la actualidad.

Hoy la industria petrolera sobrevive, directivos y sindicatos encontraron su mina de oro dejando a la buena de dios, la planta productiva más rica del país.

Y como se proyectó desde su instalación, la maquila aguantó activamente quince años y hoy mismo, decenas de ellas se han ido a instalar a Guatemala, Honduras y países del continente africano.

Luego entonces, una gran masa quedó despedida. Muchos de ellos optaron por brincar el río Bravo para irse de ilegales a Estados Unidos, otros, los menos, iniciaron pequeños negocios a sabiendas de que en aquella ciudad fronteriza nada se movía sin el permiso de los contrabandistas y narcotraficantes.

Sin la maquila y PEMEX en decadencia, está ciudad se muere. Los antiguos techos de paja y paredes de sillar y mampostería, se yerguen aún, como si sus muros aguardaran mejores tiempos.

De las “chulas fronteras del norte”, cantaba  Eulalio González Ramírez, más conocido como “El Piporro”,  solo queda el recuerdo de su alegría, bonanza.

Aquí las calles de la periferia son controladas por el verdadero gobierno, ese que Leo Lucca Orlando ex alcalde de Palermo, dibujó hace cuatro años; el de los  delincuentes.

Así el primer cuadro de la metrópoli tamaulipeca, esta cerrado a la circulación, justo enfrente del edificio de la presidencia municipal se alza  una torre con cuatro cámaras que vigilan y alertan, se supone, de algún ataque.

En domingo apenas un centenar de personas acuden a la plaza principal, algunos dicen que no son valientes, solo salen a pasear al único lugar que suponen seguro, pues además no tiene dinero ni documentos para irse de shoping a McAllen.

Los habitantes de esta ciudad han sido condenados a sobrevivir en una comunidad  donde la autoridad legalmente constituida vive en Missión, Texas.

Reynosa, cuya población crece anualmente un 6 por ciento, se va quedando sola, los comercios bajan la cortina a las 4 de la tarde y muchos de estos han preferido cerrar sus puertas pues la violencia e inseguridad es inaguantable.

No hay familia pudiente que no viva en Estados Unidos; el presidente municipal, Oscar Luebbert Gutiérrez y familia; los Garza Elizondo, el presidente municipal electo, Everardo Villarreal, así como los propietarios de los medios de comunicación, pero no hacen falta en Reynosa,  sus habitantes arreglan  la vida sin ellos, respetando pactos que su autoridad incumplió.

El gobierno municipal ya no presta servicios básicos elementales, como la  recolección de basura, multas, cobros en mercados, tianguis, taxis, cuya derrama económica va a parar a los bolsillos de ese otro “poder” al que nadie quiere reconocer pero es el único que es visible en cada esquina.

Sin gobierno municipal, la ciudad es una tierra donde las leyes no existen. Sus habitantes cohabitan con la muerte y la violencia como cosa común y hasta normal.

Se acabo el “rol” de la colonia Beaty en su lugar  la prostitución se extendió hacia plazas y mercados, evidentemente, la miseria y la delincuencia común  están estrechamente ligadas.

Aquí nada se mueve sin el consentimiento de ese “poder”, el verdadero al que le han dejando la ciudad como dueños absolutos, incluidas las personas que tratan de hacer una vida normal en medio del caos.

Muy lejos de la realidad, los políticos, partidos, y la burguesía pueblerina se entretiene con un festival cultural, creyendo quizá, que en dos horas acabará la pesadilla sin mover un dedo.

A 261 años de su fundación, la Villa de Reynosa  y su gente, están  más olvidados que nunca y donde la muerte ronda noche y día.

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