Lotería Mexicana: El Valiente, Don Alejo Garza Tamez.

Posted on 25 noviembre, 2010

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La historia de Don Alejo Garza Tamez y Jorge Vega muestran que podemos hacer algo. Que necesitamos hacer algo. Y que el resultado de esta guerra está en nuestras manos.

Con o sin armas, necesitamos actuar.

Don Alejo Garza Tamez y su corrido.

El siguiente artículo fue tomado del blog Mexablog.

Don Alejo Garza Taméz y Jorge Vega, dos hombres que lucharon contra el narco

El viernes leía en un noticiero local en línea que un hombre, Jorge Vega,  que se defendió matando e hiriendo a sus secuestradores fue declarado prófugo de la justicia. Hoy leo con gusto/tristeza la muerte de Don Alejo que luchó por su propiedad.

Estos casos no sonaron más que en medios locales, pero a nivel nacional y por las televisoras ya conocidas parece que la noticia está en ‘OFF’, ¿porqué?, ¿para que la gente no copie de estos héroes?, si el gobierno no te puede proteger, ésta es la única salida, ARMARNOS Y DEFENDERNOS, aunque nos maten, pero no doblegarse.

Don Alejo Garza Tamez: Defendió su rancho del narco hasta la muerte

don_alejo_garza_tamez El hampa exigió el 13 noviembre pasado a don Alejo Garza Tamez entregar su propiedad. El hombre de 77 años se negó y atrincheró en su finca; mató a 4 atacantes e hirió a 2.

Monterrey, NL.- Cuando elementos de la Marina-Armada de México llegaron al rancho San José, en las inmediaciones de la presa Padilla, a 15 kilómetros de Ciudad Victoria, Tamaulipas, vieron un escenario desolador: la austera casona principal estaba semidestrozada por impactos de bala y explosiones de granadas.

En la parte exterior de la finca había cuatro cuerpos. Cautelosos, con las armas listas, exploraron los alrededores y encontraron dos sujetos más heridos e inconscientes.

En el interior de la casa había un solo cuerpo, el de Don Alejo, dueño de la finca y empresario maderero, con dos armas a su lado y prácticamente cosido a tiros.

La inspección del rancho reveló que en todas las puertas y ventanas había armas y casquillos. Eso les permitió imaginar cómo se dio la batalla horas antes.

Los efectivos de la Marina buscaron más cuerpos en el interior de la vivienda, pero no hallaron más. Les parecía difícil creer que una sola persona hubiera causado tantas bajas a las atacantes con fusiles y pistolas de caza deportiva.

Decenas de cartuchos percutidos y el olor a pólvora evidenciaban la fiereza de quien peleó hasta el final en defensa de su propiedad.

Al final entendieron que aquel hombre había diseñado su propia estrategia de defensa para pelear solo, colocando armas en todas las puertas y ventanas.

La historia comenzó a escribirse la mañana del sábado 13 de noviembre, cuando un grupo de hombres armados y amenazantes fue a darle un ultimátum a don Alejo Garza Tamez, dueño del rancho: tenía 24 horas para entregarles el predio o se atendría a las consecuencias.

Con la diplomacia de sus casi ocho décadas de vida, don Alejo les dijo que no les entregaría su propiedad. Y ahí estaría esperándolos, les dijo con llaneza.

Después del incidente, reunió a sus trabajadores y con tono grave y enérgico les pidió que al día siguiente no se presentaran a trabajar, que lo dejaran solo.

Durante ese sábado se dedicó a hacer un recuento de sus armas y municiones y a preparar la estrategia de defensa de su casa como si fuera un cuartel militar.

Dispuso armas en los flancos más débiles: las puertas y las ventanas del rancho. La noche del sábado 13 fue larga y sin sueño, como en sus mejores épocas de caza, pero amaneció temprano. Poco después de las 4 de la mañana los motores de varias camionetas se oyeron lejos.

Los marinos que exploraron el rancho pudieron imaginar cómo fue aquella madrugada, con gatilleros armados, seguros de la impunidad, seguros de que pronto tendrían en su haber otra propiedad. Nadie, o casi nadie, se resiste a un contingente de pistoleros que portan armas largas. Sólo Don Alejo.

Las camionetas entraron al rancho y se apostaron frente a la finca. Sus ocupantes descendieron, lanzaron una ráfaga al aire y gritaron que venían a tomar posesión del rancho. Esperaban que la gente saliera aterrorizada y con las manos en alto.

Pero las cosas no salieron como esperaban. Don Alejo los recibió a balazos y pronto un ejército entero disparaba contra la vivienda principal de la finca. El ranchero parecía multiplicarse y los minutos debieron parecerles eternos a quienes habían visto en él una presa fácil. Cayeron varios forajidos y los demás, enojados y frustrados, arreciaron el ataque. De las armas largas, los sicarios pasaron a las granadas.

Cuando al fin llegó el silencio, el aire olía a pólvora. Los agujeros en los muros y ventanas de la estructura indicaban la violencia del ataque. Cuando entraron en busca de lo que suponían era un amplio contingente, les sorprendió hallar a uno solo. Don Alejo.

Los sicarios sobrevivientes hicieron un rápido reconocimiento del terreno y optaron por abandonar la plaza. No se apoderaron del rancho, porque pensaron que pronto llegarían los militares y prefirieron huir. Dejaron lo que creyeron eran seis cadáveres, pero dos pistoleros estaban heridos.

Poco después llegaron los infantes de Marina y, poco a poco, pacientemente, reconstruyeron los hechos. Un ranchero, un hombre que amaba su propiedad más que nada en el mundo la defendió literalmente hasta la muerte.

En la última cacería de su vida, don Alejo sorprendió al grupo de sicarios que quiso imponer en su rancho la ley de la selva, la misma que ni el poder del Estado ha podido controlar.

Los marinos presentes no olvidarán nunca el cuadro: un anciano de 77 años se llevó por delante a cuatro sicarios antes de morir peleando como el mejor soldado: con dignidad, honor y valentía.

Descanse en paz don Alejo Garza Tamez.

Hombre de palabra

• Don Alejo Garza Tamez era norteño de cepa. Nacido en 1933 en Allende, Nuevo León, su infancia transcurrió en una de las zonas más boscosas del estado.

• Allende, ubicado a 50 kilómetros al sur de Monterrey, es surcado por la carretera Nacional 85 que conduce a Ciudad Victoria, Tampico y Veracruz. Esa comunidad se encuentra al pie de la Sierra Madre Oriental.

• Su padre tenía un aserradero, y aprendió desde joven, junto con sus hermanos mayores, a trabajar, aserrar y vender madera. Impulsados por esta actividad, acabarían fundando en Monterrey la maderera El Salto, tomando el nombre del lugar donde compraban el producto.

• De joven le tocó viajar constantemente a Parral, Chihuahua, y a El Salto, Durango, para comprar la madera que vendían luego en Monterrey. Su familia tuvo éxito en este ramo y abrió sucursales en Allende, su tierra natal, y en Montemorelos.

• Desde niño don Alejo practicó la pesca y la cacería. Luego, de joven, comenzó a coleccionar armas. Entre sus allegados era conocido como buen tirador y, en compañía de sus amigos, cazaba venados, gansos y palomas.

• Don Alejo Garza Tamez fue uno de los socios fundadores del Club de Caza, Tiro y Pesca “Dr. Manuel María Silva”, ubicado en Allende, Nuevo León.

• El empresario maderero también fue promotor de la avicultura en su tierra natal. En alguna ocasión en que una helada quemó los sembradíos de naranja de su pueblo, animó a los agricultores afectados a que se iniciaran como productores de pollo y huevo.

• Junto con su hermano Rodolfo compraron en Tamaulipas el rancho San José, mismo que dividieron. Don Alejo se quedó con la parte que colinda con la presa Padilla y Rodolfo con el extremo situado junto al río Corona.

• Su charla amena era reconocida por sus amigos. Era cosa sabida que su palabra valía tanto como un contrato.

Vanguardia.

Relata empresario Vega muerte de sicario: defendí a mi familia

aldama_chihuahuaAldama.- Jorge Vega, quien fue declarado por la Fiscalía General del Estado como prófugo de la justicia, relata en una carta de puño y letra cómo sucedieron los acontecimientos el miércoles de la semana anterior.

Vega hizo llegar la carta a la redacción de Hechos de Aldama. Debido a su importancia, la carta se transcribe y se publica textualmente:

“Comenzando un día como siempre para cualquier otra persona de trabajo, nos levantamos a comenzar nuestro día. Transcurrieron tres horas, llegaron los proveedores justo a las 12 del mediodía, mi esposa salió a recoger a la niña del kínder con nuestro hijo de 2 años, quedándome yo a atender a los proveedores. Al salir y pararme en la puerta, vi pasar varias veces una troca Chevrolet de reciente modelo, pero al ser algo usual no le preste atención.

A las 12:20, llegó mi esposa del kínder, con los pequeños de 2 y 5 años. Yo estaba en la puerta y los apresuré a entrar, ya que estaban descargando vidrio, para evitar un accidente caminé atrás de ellos, apurándolos. Cuando iba a medio negocio con la espalda a la puerta principal, escuché un escándalo y un balazo y gritos “todos al suelo, todos al suelo”. Sin saber de qué se trataba, yo opté por correr a proteger a mi familia, escuché que me decían: “párate ahí, no corras”. Entre ellos se decían: “éste es”, y me dijeron, “tírate al suelo y aquí no pasa nada”.

Yo contesté “espérese, que traen”.
Ellos: “De rodillas, que tires al suelo”.
Yo contesté: no, por qué, dime por qué.
Ellos: “No preguntes, las preguntas aquí las hago yo”.

Poniéndome 3 sujetos las armas largas en la cabeza, y otro esperando a un lado, (3 tenían capucha negra y uno el rostro descubierto).

Continuaron gritando: “todos al suelo, poniéndole un arma larga a mi niña de 5 años en la cabeza. El tipo gritó a mi esposa: que te tires al suelo, y les disparó a los pies de la niña, casi haciendo blanco. Mi esposa y mis hijos se tiraron al piso del baño, dejando la puerta abierta y viendo todo. Al ver que yo me resistí a ponerme de rodillas y preguntarles por qué, uno de ellos gritó a sus compañeros: dispárenle en una pierna, dale un chingazo.

El que estaba en el frente, le dio la vuelta al arma larga, para golpearme con las cachas en el abdomen. Aproveché el momento, esquivé el golpe con mi antebrazo izquierdo, cual al mismo tiempo golpeé con mi brazo derecho al sujeto que estaba a mi derecha, cayendo él al suelo.

Al mismo tiempo, con mi mano izquierda, agarré el arma del agresor del lado izquierdo, recibiendo en ese momento un disparo de los agresores en mí cuadril derecho. Sujeté al agresor y me cubrí con él, y con sus mismas manos, donde él sostenía el arma, yo comencé a disparar hacia ellos para defenderme, cayendo uno de ellos herido al piso. Yo corrí disparando y me metí debajo de la mesa de trabajo, aún forcejeando con el agresor que tenía el arma larga.

De pronto escuché que gritaban; ayúdenme no me dejen, pro ellos ni yo dejábamos de disparar. Ellos empezaron a correr, aún disparando, y no supe de qué manera se me zafó el que yo sujetaba para también huir. Quedando todo en calma, me levanté, primeramente fui a ver si mi esposa y mis dos hijos que se encontraban bien. Los proveedores aún estaban en el suelo. Les dije que se levantaran, uno de ellos me dijo llámale a la policía o a los soldados.

Yo tuve miedo a la inseguridad, solo les dije que me dejaran que me retirara y le llamaran a quién quisiera y le dije que se retiraran del lugar, por si regresaban los agresores.

Nos retiramos del lugar e hice ciertas llamadas para poner al tanto de ciertas personas de lo sucedido, por miedo a represalias contra ellos. Lo que yo fundé con el esfuerzo de 8 años de mi vida, personas como esas lo destrozan en 6 minutos. Querían saber la verdad, Aquí está, tal cual.

Gracias a toda la gente que ocupó de mis servicios, porque por esa gente, tuve trabajo.

Gracias por el apoyo que me han brindado. A cambio les pido que hagan algo, que no dejen pasar las cosas.

A mí, ya me destrozaron, pero aún quedan ustedes, no tengo mucho que ofrecer, solo mi apoyo moral, no se queden con el miedo (que no ayuda en nada) sólo a fortalecer la maldad de esa gente sin escrúpulos, porque esto de por si nunca se va a terminar.

Atentamente
Jorge Vega

La Opción.

El camino correcto a veces no es el más fácil, ni el más tránsitado… pero ya son varias las personas que toman ese camino y que son un ejemplo a seguir. No se trata de matar sicarios, se trata de tomar posiciones. De definir una línea sobre lo que queremos y lo que no, lo aceptable y lo no aceptable.

Para Alejo Garza Tamez, dejar su rancho no era aceptable. Para Jorge Vega, someterse a esos sicarios no fue aceptable. Para los habitantes de Ascensión, Chihuaha ya no era aceptable un crímen más. Para Marisol Valle, nueva jefa policiaca en Praxedis, Chihuahua, no era aceptable vivir sin policía. A su causa, se han unido Verónica Ríos y Olga Herrera, que hoy no aceptan vivir más con miedo y hacen algo: toman la responsabilidad, la comandancia policial de su pueblo.

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