Cómo puede México detener la derrota en la guerra contra el narco.

Posted on 20 julio, 2011

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Business Insider muestra un punto de vista capitalista y negociador sobre la guerra contra las drogas. ¿Hasta cuándo pelear? ¿Por qué pelear? ¿Cuáles son los resultados hasta ahora? ¿Cuáles son los efectos al seguir en este camino? ¿Cuáles son los actuales costos? ¿Cuáles serán los costos futuros?

Realmente muestra una perspectiva objetiva sobre una guerra que jamás debió de haber empezado con militarizar al país. Una guerra sin estrategia, solamente lleva a la derrota.

El presidente Felipe Calderón está perdiendo la guerra contra los cárteles de las drogas.

La situación de seguridad en México se ha deteriorado dramáticamente. Más de 35,000 personas han muerto en el conflicto – 15,000 tan sólo en el 2010- y la violencia relacionada con las drogas continúa en un espiral con nuevos y horripilantes niveles. Mientras tanto, la producción mexicana de mariguana, heroína y meth continúa creciendo.

Calderón argumenta que México no puede ganar esta guerra contra los cárteles a menos que Estados Unidos haga más por disminuir la demanda insaciable de sus habitantes. Calderón está en lo correcto en eso, claro, pero eso no significa que México debe ahogarse en un baño de sangre mientras los Estados Unidos batalla con su drogadicción.

¿Qué puede hacer Calderón entonces?

La respuesta es, básicamente, nada. México no estaba preparado para la guerra contra las drogas de Calderón. Las débiles instituciones democráticas, el corrupto e inefectivo sistema judicial y la subdesarrollada infraestructura han hecho que sea virtualmente imposible para el gobierno mexicano romper las conexiones del vasto y flexible crímen organizado.

En lugar de dar los recursos limitados para pelear una guerra internal fútil, Calderón debería enfocarse en metas reales: como implementar reformas al sistema judicial, expandir el acceso al crédito, promover el crecimiento de la clase media y promover la contabilidad y transparencia del gobierno.

En la última decada, México ha logrado avances significantes al abrir los mercaods y al pasar una transición hacia una democracia de múltiples partidos. Pero existe un camino muy largo por seguir. México necesita restaurar el orden en la sociedad civil y política como primer paso. Esto con el fin de revertir el crecimiento económico lento y la caída de la competitividad en el país. Para lograr esto, Calderón podría llamar a los 45,000 militares que han sido mandados a luchar en la guerra contra las drogas, y además, debería llamar a un alto al fuego entre el ejército y los cárteles.

La batalla contra los narcotráficantes – y la militarización de la seguridad nacional – está erosionando a la democracia mexicana. La opinión pública ha comenzado a voltearse en contra de los cárteles, pero la corrupción generalizada ha afectado la credibilidad de las instituciones democrácticas. Al mismo tiempo, la escalada de la violencia y el terror pone en riesgo el crecimiento de los negocios y de las asociaciones civiles.

Los defensores del uso del ejército para combatir a los cárteles apuntan al éxito de los militares en capturar a líderes y altos capos. La guerra ha desestabilizado el liderazgo en los cárteles y ha logrado que los grandes cárteles se conviertan en pequeñas organizaciones criminales, bandas regionales. Si se considera esto, estas organizaciones débiles tendrán menos influencia sobre los gobiernos locales y judiciales que sus antecesores. Instituciones democráticas fuertes y un sistema judicial reformado podría marginar y debiliar más a estas bandas.

Sin embargo, si México sigue tratando de combatir a los narcotráficantes, los militares tendrán que ajustar el paradigma sobre el crimen organizado. Al romper las jerarquías de los cárteles, las nuevas bandas probablemente cambien las reglas del juego. La muerte de un agente de inmigración estadounidense por un asesino de bajo nivel – el primero en más de dos décadas – sugiere que el cambio ya está ocurriendo.

Mientras que un cese al fuego no pondrá un fin a la violencia relacionada con las drogas, hay señales de que podría quitar a los mexicanos inocentes fuera de la línea de fuego. Antes de que Calderón declarará la guerra, la población civil se veía generalmente salvada de la violencia, coexistiendo con el crimen organizado en una paz relativa. A diferencia de las organizaciones de tráfico de drogas en Colombia u otras partes de latinoamérica, la mayoría de los grandes cárteles mexicanos no tienen una agenda social o política (tal vez con excepción de la cuasi-religiosa Familia Michoacana). El dinero, no el poder, es la meta para la vasta mayoría de los narcotráficantes. El costo de pelear una guerra multi-frontal corta seriamente las ganancias.

Mientas la demanda de Estados Unidos exista, el comercio de droga seguirá en el sur de la frontera. Pero al subir el costo de hacer negocios en México, los nexos del poder se moverán hacia otros países latinoamericanos. Ciertamente, 2010 fue un gran año para el narcotráfico en Guatemala, Nicaragua y Venezuela. Tan malos como los capos capitalistas mexicanos, uno Sandista o Chavista sería indudablemente mucho peor.

Publicado en marzo del 2011.

Qué lástima que nuestro presidente no ve otras opciones. Aunque ya sean 10,000 muertos en lo que va del año… y 50,000 muertos por el crimen organizado en lo que va del sexenio.

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